LA CRISPACION VIENE DE ARRIBA

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Por: Federico Senior

Esa frase la dijo en un programa de la televisión española hace algunos días, el Presidente de la Comunidad Autónoma de Castilla La Mancha, Emiliano García-Page, miembro del Partido Socialista Español, orilla opuesta a mi ideología, hecho que no obsta para apreciar la nitidez de pensamiento y las virtudes de un político honesto, si, honesto, es increíble que hoy día, catalogar de tal manera a un político sea casi que un pleonasmo; pues bien, no es este el caso.

Quienes me conocen, saben que puedo catalogarme como un derechista liberal, puesto que soy un ferviente convencido de que la libertad es imperativa si pretendemos vivir en una sociedad civilizada, todas, la de expresión, de religión, de género, de igual manera y con igual o mayor ímpetu, defiendo a ultranza el orden, la democracia, la decencia, la cultura occidental, los derechos y ante todo la no negociable exigencia a los ciudadanos, del estricto cumplimiento de la ley y de los deberes para con la sociedad.

Decía García, que la crispación viene de arriba, allá en España, en donde la política ha caído en algo así como un pozo séptico, de nauseabundo olor, repleto escenario de corrupción, desgreño, desenfreno por el dinero fácil, ese que se obtiene de timar al erario, se halla el país ibérico inmerso en una crisis poco envidiable, más no parecida a la de Colombia, puesto que a diferencia de lo que aquí sucede, nuestro orden institucional se ve hoy atacado y, para mañana amenazado, por una izquierda cuya ideología esta cimentada en el odio, el propio interés de los caudillos, y el insoslayable propósito de acabar con el país, con su aparato productivo, con sus sistemas educativos, de salud, situación diferente de radical manera a lo que sucede en la madre patria, pues allá no ponen en juego las instituciones, ni el estado de derecho, ni los poderes públicos, ni la democracia, como de hecho, reitero, sí lo están en Colombia, en donde desde la oscura campaña del Pacto Histórico de hace cuatro años, la retórica narrativa del hoy presidente, no escatimó ni espacio ni minuto para esconder su intención de desmantelar las instituciones constitucionales, y reemplazarlas por una nueva carta magna hecha a su medida, mediante una Asamblea Constituyente manejada y elegida por sus huestes, para legalizar un omnipotente poder en las manos del jefe del ejecutivo, el cual, ya coronado y arrellenado en su nuevo trono, extenderá su permanencia en él, hasta unos minutos antes de su ingreso al horno crematorio.

Toda esta situación en Colombia, es el resultado de decenios de desgobiernos, de corrupción, de robos, asaltos, atracos al presupuesto, al de la nación y ni se diga a los de los entes territoriales, no podemos tapar el sol con el meñique, esa es la realidad de nuestro pasado, en donde el común denominador de los ejercicios presidenciales, parlamentarios y de muy lamentable manera, en algunos casos de las cortes judiciales, fue que la bóveda en donde se guardan los dineros del estado, ha estado horadada de ventosas, por donde a raudales se escapan en fajos y negras bolsas, los billetes producto de los impuestos (léase del trabajo de todos los ciudadanos).

Pretendo inculpar a la actual administración del desastre en el que estamos sumergidos, empero no dejaré de aceptar como previo he dicho, de lo pésimas que fueron administraciones anteriores, unas peores que otras, más ninguna que podamos catalogar como excepcional, ni siquiera como magnífica, tan solo podríamos contar algunos buenos logros, verbigracia, la Constitución del 91, la mitigación del actuar de las guerrillas durante el primer período del presidente Uribe, y alguna que otra cosa, no mucho. Si hubiéramos tenido ejecutorias notables, con ideas de planeación para el progreso y el desarrollo, de seguro no estaríamos como Singapur, pero sí como El Salvador, y la dolorosa verdad es que hoy, gobernabilidad, tenía más Samper en su período, corrupción, solo nos superan Sudán del Sur, Haití y Corea del Norte, conflicto interno, solo un poco mejor que Somalía, narcotráfico, ahí sí estamos bien ranqueados puesto que es el único renglón en donde ocupamos el número uno, lo somos en producción de cocaína, así que, peor el balance no puede ser.

Ahora bien, durante anteriores administraciones, funcionaban las cosas, poco, algo a veces y bueno se construían autopistas, aeropuertos, escuelas, universidades, mal que bien, con injustificables retrasos, sobrecostos astronómicos, coimas a los funcionarios de los ministerios que aprobaban los proyectos, a los mismos ministros, y por las rendijas nos enteramos que a alguno que otro presidente, pero se hacían, al menos podríamos restarle el valor de esas ejecutorias, al del presupuesto, al menos no se lo robaban todo, y sí, nunca se logró emprender de veras con la erradicación de la pobreza, nunca se pudo vencer al narcotráfico, ni a las guerrillas, ni mucho menos a la delincuencia común, y jamás, nunca, ni por un instante, se logró erradicar la corrupción en el gobierno, desde casi siempre, hemos tenido un sistema corrupto, de manera estructural, las coimas son peaje presente en todas y cada una de las instancias gubernamentales, no hay proyecto, licitación, concurso de méritos, no hay obra alguna, que no tenga entre sus ítems considerado el costo del soborno, no existe.

Insuperable entonces el caldo de cultivo, perfecto para el populista de izquierda, la narrativa de aborrecimiento a los ricos, de la injusticia, de la brecha social y su siamés la inequidad, no podía contar con mejor momento, pues todo ese relato estuvo fundamentado en la realidad, así que, aupado a la incendiaria oratoria de un guerrillero cuya sociedad le dio la oportunidad de ser “ex”, pero que él se apura y se empeña en, a toda costa excluir dicho prefijo de su título, prefiriendo seguir llamándose sin él, le quedo allanado el camino, y sin lograr una contundente mayoría, como pretende hacernos creer, logro su objetivo, llegar al poder.

Y el manso rebaño que se unto el dedo por su proyecto, se creyó que había conseguido con su elección la panacea del cambio, del como lo pregonaba la vicepresidente “a vivir sabroso”, hasta ella le creyó, y lo peor, lo de verdad lamentable, es que aún hoy, en el ya crepúsculo del mandato del cambio, lo único y sin temor a exagerar, lo único que cambió, fue el nombre de los ladrones, eso sí, la nueva lista se jacta de haber seleccionado a lo más preciado del hampa, mejorando sin duda la capacidad de robar, llevando su rapacería, su codicia a niveles antes nunca alcanzados, llevándolos a actuar con voracidad nunca vista, pero eso sí, y como común denominador a todos los atracos, carentes de finura en su planificación, nada de remilgos o consideraciones, nada, todo de la más ramplona de las maneras, rapiña propia de malandros de muy baja calaña.

Y ahora, cuando les resulta menester seguir en el poder, continúan con su vieja táctica de la crispación, las incesantes arengas, las estratagemas, como la del alza del salario mínimo, populismo rancio, seguros estaban de seguir creando actos de amplia aceptación en la base, generando escandalo tras escandalo con el único objetivo de que el último sepultara al anterior y así, hasta según ellos triunfar en las urnas.

Con lo que no contaban, era con las contingencias, siempre se han sentido dueños de las riendas del devenir, pero se olvidaron de ese implacable dios del trueno y la lluvia, obviaron a Zeus, y éste, dueño de ira fácil, desato la tormenta e inundo medio país, centenas de miles de personas que lo han perdido todo, miles de reses muertas, cultivos perdidos, hambre y plagas por doquier, y oh sorpresa, la entidad creada para atender las tragedias, había sido saqueada por los íntimos del presidente, no hay como atender el desastre, se lo robaron todo y la población afectada, desamparada por completo.

Y la peor de las tragedias, la muerte de un niño, inocente, al que la entidad de salud dirigida por el gobierno, no le entregó el medicamento que lo había tenido vivo, el repugnante, nefasto, execrable, ministro de salud, en su implacable tarea de acabar con el sistema a su cargo, se niega a proveer los recursos para atender las necesidades de la población, y en el caso del niño fallecido, de permitirle vivir, eso se lo negó Gustavo Alfonos Jaramillo, así se devane los sesos intentando encontrar la excusa creíble, se le vino el mundo encima, porque la muerte de Kevin, fue la llave que abrió la puerta por la que están saliendo los miles de casos de pacientes que han muerto o que están a punto de hacerlo, gracias a Jaramillo.

No soy juez, ni dios, pero si eso que están haciendo no es un genocidio, no sé qué será entonces.

La crispación, que venia de arriba, que venía de ellos, con sus arrebatados e incoherentes discursos, se les ha devuelto, la crispación se la están produciendo los hechos que ellos mismos han causado, nuestro deber ciudadano es no dejar que estos últimos, sean sepultados por el próximo escandalo que propicie el presidente, que de seguro esta creando algo bien sórdido, para ponernos a hablar de su desafuero, quien sabe, de pronto y hasta como cualquier “Therian” se caracterice de jaguar, o mejor tal vez de Hiena…..

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