Por: Juan José Gómez
Desde que en Colombia se dejó de votar para la conformación de los poderes ejecutivo y legislativo por razones doctrinarias, esto es por principios y valores, y se estableció que los votos obedecen a diversos factores tales como el interés personal, la remuneración en efectivo o en especie, la obtención de empleos y contratos, la simpatía y las promesas del candidato y -como no- hasta la fidelidad rutinaria a una antigua colectividad, este columnista, que durante muchos años fungió como ideólogo, activista y dirigente político, siempre procuró aferrarse a lo que José Eusebio Caro y Mariano Ospina Rodríguez estipularon como Programa político en un periódico santafereño llamado La Civilización en su edición del 4 de octubre de 1849, que fue la base ideológica para el antiguo partido Conservador Colombiano.
Esa colectividad que fue ilustre por sus principios fundacionales de hondo calado doctrinario, sus grandes dirigentes históricos y su participación en la vida nacional por más de siglo y medio, desde hace algunos años fue secuestrada por unos individuos venidos a más, que en palaras del gran Gilberto Alzate Avendaño “cambiaron sus banderas por manteles” que cubren las mesas donde oprobiosamente banquetean con claros exponentes del vicio, la tiranía y el delito.
Un gran hombre conservador, sabio, prudente y patriota ejemplar, el presidente Mariano Ospina Pérez, le trazó al partido un camino luminoso para tiempos de infortunio como los de ahora. Dijo de su colectividad “No somos mercaderes de ilusiones sino empresarios de realidades” y aplicando con rectitud esta juiciosa sentencia, varios conservadores doctrinarios, ante la imposibilidad de seguir las directrices de quienes se valieron del partido Conservador para respaldar y lucrarse de un gobierno de izquierda radical, de un estatismo autoritario que recuerda al de Lenin y Stalin en los horrorosos tiempos de la Unión Soviética y que adolece gravemente de enfermedades tan dañinas como el engaño, la corrupción y la mentira y el vicio, decidimos buscar otra colectividad que pudiera armonizar con nuestro pensamiento, y algunos la encontramos en CREEMOS, un movimiento político fundado por Federico “Fico” Gutiérrez el valiente y carismático alcalde de Medellín.
“CREEMOS ES EL EQUIPO DE LA GENTE”, dice su lema y es verdad que lo es. Su fundador dos veces alcalde de Medellín y candidato presidencial de gran acogida por el pueblo colombiano, quien esperamos que en el 2030 pueda llegar a ser el ocupante de la casa de Nariño, se ha posicionado como un gran líder popular, precisamente porque quiere y entiende a la gente. Con el concurso de los integrantes de su segunda administración, que en su mayoría son profesionales de clases media y popular, han realizado el prodigio de recuperar a Medellín de la desastrosa situación en que la dejó su antecesor, un individuo que cayó sobre la ciudad con sus numerosísimos colaboradores como si fuera una plaga de langostas que devoran por completo una plantación de trigo o de maíz. Además, CREEMOS defiende y practica principios fundamentales de la derecha y la centro derecha política tales como la libertad dentro del orden, la defensa de la familia; el respeto por la vida y la propiedad; la seguridad y la justicia como garantes de la paz; y el empleo, la educación y el libre mercado como bases de una sociedad fuerte y próspera.
Hoy esos principios no pueden quedarse en el discurso. Deben tener representación real y eficaz. Por eso, después de una seria reflexión, he decidido respaldar a CREEMOS, el movimiento al que pertenece el alcalde de Medellín, Federico “Fico” Gutiérrez, quien no solo con su equipo rescató a la ciudad del caos administrativo heredado de la anterior administración, sino que la ha mantenido firme frente a la mala voluntad del actual gobierno nacional. CREEMOS ha demostrado capacidad, carácter y resultados. Y desde luego por otra poderosísima razón: CREEMOS apoya con firmeza y entusiasmo al Tigre, Abelardo De la Espriella como futuro presidente de Colombia.
Pero ahora el reto es Antioquia y Colombia desde el Congreso. Por eso cordialmente invito a mis compatriotas y antiguos copartidarios a votar por CREEMOS. Para el Senado, Andrés Bedoya, número 2 en el tarjetón, empresario y servidor público con experiencia, carácter y lealtad a estos principios. Y para la Cámara de Representantes, Luis Guillermo Patiño, número 101 en el tarjetón, educador de trayectoria, decano universitario, autoridad nacional en su campo y defensor decidido de que ningún niño se quede sin educación.
No es momento de improvisar. Es momento de elegir personas preparadas, firmes y comprometidas como este par de colombianos valientes, talentosos, decididos y preparados para colaborar en la recuperación de Colombia con la misma efectividad con que su colectividad y ellos mismos lo hicieron con Medellín. De manera que como cristiano, como hombre de derecha y como ciudadano, los invito a votar el 8 de marzo por CREEMOS: para el Senado: Andrés Bedoya, número 2. Para la Cámara: Luis Guillermo Patiño, número 101.


















