EL ESPANTAPÁJAROS DOMINICANO – Crónicas de Gardeazábal

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Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

El periódico El País, de Cali, fue durante más de 50 años un diario regional que se leía impreso en todos los municipios del Valle y en algunos de los departamentos vecinos. Cuando los herederos de sus fundadores lo vendieron a los Gilinski, que andaban comprando medios, se creyó que esa familia judía caleña seguiría con la tradición del diario que fundaran los Lloreda.

Pero no. Antes de revenderlo, suprimieron la circulación de la edición diaria en los otros municipios del departamento y en los aledaños. Y quien lo compró, un dominicano emparentado fuertemente con la ideología y el capital de su suegro mormón en Salt Lake, debió haber hecho cuentas y, en breve, suprimió la edición diaria impresa y se quedó con una los sábados, muy voluminosa, pero que solo se envía a los viejos suscriptores caleños y no sale a la venta en los puestos de revistas.

Para ese momento de la determinación, el universo de lectores de El País por redes era escaso, y conseguir aumentarlo ha sido una ardua labor. Empero, al comenzar la Semana Santa, quienes seguíamos buscando en internet sus noticias y comentaristas —que fueron y siguen siendo de muy alta calidad— nos topamos con un aviso donde se exige a todo lector que se asome a sus páginas que dé su consentimiento para que sus datos personales puedan ser usados para publicidad y contenidos personalizados, y que además El País, o su dueño dominicano, almacenen la información en un dispositivo que consultarán 211 partners.

Le advierten, eso sí, que si se niega tiene algunas opciones nada fiables para escapar de la trampa que le tienden. En otras palabras, leer El País será de ahora en adelante pagado por quien lo haga a cambio de sus datos personales.

Por supuesto, eso, aunque venga envuelto en la honestidad de quien lo advierte, va a asustar a sus escasos lectores, y el dominicano se habrá convertido en el primer espantapájaros del periodismo colombiano.

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