Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Una de las joyas más exóticas del mundo geomagnético y vegetal, el cerro Torrá, permanece casi que intocable en la serranía de Los Paraguas, en el norte del Valle.
Por alguna razón que científicos, con el fabuloso profesor Philip Silverstone a la cabeza, realizaron hace un poco más de 35 años para la Universidad del Valle y la CVC, se pudo profundizar en lo que fue, desde las épocas de la colonización antioqueña, un cerro mítico donde no funcionan correctamente las brújulas y que, por la fauna y la vegetación tan singulares, fue explicado primitivamente durante décadas como una montaña de leyendas.
Una montaña donde todo podía suceder y quien se atreviera a sus entrañas saldría mal librado.
Hoy día, el cerro Torrá permanece intocable e inscrito dentro de los programas de protección decretados, pero sigue siendo motivo de más estudios y curiosidad. Es una montaña que alcanza casi los 3 mil metros de altitud y, si bien es un ramal de la serranía de Los Paraguas, es independiente en la húmeda e impenetrable llanura selvática costeña del Valle del Cauca.
Los geólogos que lo han estudiado lo clasificaron como parte de una secuencia plutónica del magmatismo en el Mioceno, forjada en gran porcentaje por minerales ferromagnesianos que, al solidificarse, lo dejaron casi que convertido en una reliquia del campo magnético de aquella época.
Es por ello por lo que se explican sus extraños poderes geomagnéticos y se cree que, junto con el aislamiento físico, ayudaron a construir una fauna y una flora arcaicas, hasta el punto de que se considera que el 25 % de las plantas que allí se dan no se encuentran en otra parte del mundo.
Como llueve tanto, es tan húmedo y tan difícil de visitar y ascender, nadie se atreve a horadarlo. Pero bien debería ser incluido en los catálogos y mapas como un tesoro viviente del Mioceno y continuar siendo conservado como tal, pese a la ignorancia de mis coterráneos y sus gobernantes sobre él.













