La tensión entre Washington y Caracas alcanzó un punto crítico este fin de semana tras una serie de maniobras diplomáticas y militares ordenadas por la Casa Blanca. El presidente Donald Trump emitió una directriz para considerar «cerrado» todo el espacio aéreo sobre y alrededor de Venezuela, medida que fue acompañada por una comunicación directa con Nicolás Maduro en la que se planteó un ultimátum: o se producen cambios políticos inmediatos, o la presión militar estadounidense aumentará drásticamente.
A través de su plataforma Truth Social, el mandatario estadounidense hizo pública la orden de bloqueo aéreo, enviando un mensaje explícito a aerolíneas comerciales, pilotos privados y grupos criminales. En su declaración, Trump advirtió que ninguna aeronave debe operar en la zona de influencia venezolana, estableciendo un cerco aéreo destinado a cortar las líneas de suministro logístico y financiero del régimen, con especial énfasis en las rutas utilizadas por el narcotráfico.
Paralelamente a esta restricción, fuentes en Washington confirmaron que Trump sostuvo una llamada telefónica con Nicolás Maduro. En la conversación participó Marco Rubio, quien funge como secretario de Estado y consejero de Seguridad Nacional, una señal política que descarta cualquier intención de apaciguamiento. La presencia de Rubio, conocido por su postura de «mano dura», ratifica que la administración republicana ha desestimado alternativas como la reactivación de acuerdos petroleros o mesas de diálogo convencionales, optando por una estrategia de asfixia directa.
Durante el intercambio, el presidente de Estados Unidos no ofreció una hoja de ruta diplomática ni espacios de negociación. Por el contrario, reiteró que la Casa Blanca intensificará las acciones operativas contra las estructuras dedicadas al tráfico de drogas que, según los informes de inteligencia norteamericanos, operan bajo el amparo del Palacio de Miraflores. La postura transmitida fue inequívoca: la presión política y el despliegue de fuerza militar sobre el Caribe seguirán una curva ascendente mientras se mantenga el statu quo en Venezuela.
Esta nueva doctrina de «cierre total» y confrontación directa ha generado una reacción inmediata en el sector aeronáutico. Aerolíneas internacionales, que ya habían reducido sus frecuencias debido a alertas previas de la Administración Federal de Aviación (FAA), han comenzado a cancelar indefinidamente sus operaciones hacia Caracas. Expertos en geopolítica interpretan estos movimientos como el preludio de una fase de mayor hostilidad, donde el aislamiento aéreo busca fracturar el control interno del chavismo y acelerar una transición forzada por factores externos.















