DON RAMIRO – Crónicas de Gardeazábal

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Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

Como en la provincia colombiana, hasta bien entrado el siglo XX, resultaba muy difícil educar universitariamente a la muchachada, el título de doctor lo tuvieron que reemplazar por la vieja fórmula española de distinguir a los hidalgos prominentes con el apelativo de don, para reconocer a los que no llegaron a ser doctores. El vértigo de la modernidad acabó con esos apelativos y muy pocos los conservaban aún.

Nosotros, en Tuluá, sepultamos el pasado sábado al último de ellos: a don Ramiro Escobar Cruz. Sobrino del padre Nemesio, el cura legendario que entronizó el civismo para defender a Tuluá de sus malandros y tuvo la visión de que la educación fuera el motor del progreso. De su mano llegaron salesianos y franciscanos para montar colegios; capuchinas especializadas para manejar el hospital; vicentinas para el Pabellón Antituberculoso; y franciscanas de la Inmaculada para establecer el colegio donde, orgullosamente, hice mi primaria.

De él, del padre Nemesio, aprendió don Ramiro el oficio cívico. Lo convirtió en una bandera a lo largo de su vida y, con humor a flor de labio y tesón de agricultor, ayudó a levantar a Coagro y a Cogancevalle, al Fondo Ganadero del Valle y al Club Rotario, forjando camaradería y aprendizaje para las nuevas generaciones.

Patinó, como tantos agricultores vallecaucanos, cuando se metió a cultivar ají y, entre el mal tiempo y los malos precios, lo destortillaron. Nadie lo demandó y a nadie le quedó debiendo, pero fue capaz de levantarse de la ruina y, con dignidad y modestia, volver al agro sin perder su liderazgo.

Presidió el Concejo Municipal y la Cámara de Comercio varias veces, pero su pasión y su mayor logro fue organizar y sacar avante, durante 25 años, la Feria de Tuluá. Conservador por herencia, dio ejemplo de convivencia y se casó con la hija y nieta de los Santacoloma que masacraron los pájaros en el fragor de La Violencia.

Don Ramiro fue demasiado grande para Tuluá. Ojalá no lo olviden en ese pueblo de desmemoriados y desagradecidos.

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