Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Matar con un bombazo premeditado a 20 pasajeros civiles de un bus intermunicipal es un crimen de guerra. Se equivoca el ministro de Defensa y su combo gubernamental creando, al más gringo de los estilos, un responsable en el tal Marlon, cuando ese acto de guerra cruel fue cometido por alguna de las divisiones del Ejército de los Traquetos de Mordisco.
Matar a los cuatro muchachos, estudiantes del colegio de Villapaz, sin juicio sumario, también es un crimen de guerra cometido para demostrarle a la gobernadora del Valle y a Duvalier, senador de Jamundí, que el estado de guerra rige en la República Independiente de Jamundí, en la que no creen ni Petro y su ministro, ni Dilian ni Duvalier.
Y si el alcalde Eder y la gobernadora se unen para hacer un frente común contra el terrorismo, negando la existencia de esa república independiente, pero gimiéndole o implorándole a Petro una manito para hacer frente a los combatientes que se volvieron terroristas, están cometiendo una garrafal equivocación de guerra.
Si esos mandatarios constitucionales y los medios siguen llamando disidencias de las Farc a los ejércitos de los traquetos, así los califiquen de terroristas, no les podrán ganar la batalla. Al enemigo hay que llamarlo por su nombre y enfrentarlo estudiando su accionar, no revistiéndolo de abalorios o inventándole nuevos jefes, como se equivocaron inflando a Calarcá para enfrentarlo a Mordisco en Guaviare y Catatumbo, y ahora quieren hacerlo con Marlon.
Empiecen por averiguar si quien libra una moderna batalla de drones de última generación es el mismo grupo que lanza los anticuados y prehistóricos cilindros de gas contra el Pichincha o el Codazzi, o si es que acaso la zurda se dividió en clases sociales y los combatientes de los ejércitos de los traquetos tienen más plata, drones y bombas de alto poder que los capuchos de Univalle, quienes hacen la guerra con las uñas y con tatucos.














