Es Sábado y el silencio desespera… y se vive el minuto en que todo cambia

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Por: Aldrin García – Director de Totus Noticias

Aún es sábado. Y todo parece indicar que la historia terminó mal. No hay discursos, no hay milagros, no hay señales. Solo un silencio pesado, incómodo, casi insoportable. Los que gritaban victoria ahora celebran en voz baja, convencidos de que esta vez sí ganaron. Y los que creyeron… simplemente no entienden.

Ese es el problema del sábado: no ofrece respuestas. Es el día en que la fe no desaparece, pero se siente herida. Es el momento en que todo lo que parecía firme se tambalea. Jerusalén está confundida, los discípulos están escondidos, Pedro carga su culpa, y María llora en un silencio que lo dice todo. Nadie ve más allá de la piedra.

Y, sin embargo, ese sábado no es solo una escena del pasado. Es un espejo incómodo de lo que vivimos como sociedad. Porque también hay días en Colombia donde parece que el mal toma ventaja, donde la verdad se distorsiona, donde los que deberían dar ejemplo decepcionan y donde la esperanza colectiva se va debilitando sin hacer ruido.

Es ahí donde muchos se equivocan. Creen que el silencio de Dios es ausencia. Creen que, porque no hay intervención inmediata, todo está perdido. Pero Dios no funciona al ritmo de la ansiedad humana. Dios no improvisa. Dios trabaja en lo profundo, en lo invisible, en lo que no necesita espectáculo.

El sepulcro, que parecía el punto final, en realidad era el lugar donde todo estaba comenzando. Mientras los poderosos dormían tranquilos, convencidos de su victoria, y mientras la muerte parecía haber cerrado la historia, algo ya estaba ocurriendo. Sin cámaras, sin testigos, sin aplausos.

Sábado santo es incómodo porque nos obliga a esperar. Y esperar, en un mundo acostumbrado a la inmediatez, desespera. Nos obliga a sostener la fe cuando no hay evidencia, a mantener la esperanza cuando todo parece indicar lo contrario. Nos enfrenta con esa verdad que pocos aceptan: no todo lo que está en silencio está muerto.

Hay procesos que solo nacen en la oscuridad. Hay victorias que se gestan cuando nadie las ve. Y hay momentos donde Dios está más activo que nunca… justo cuando creemos que no está haciendo nada.

Por eso este no es un día de derrota. Es un día de transición. Un día donde el cielo guarda silencio, no porque haya perdido, sino porque está a punto de hablar más fuerte que nunca. Un día donde el mal cree que ganó… sin darse cuenta de que su victoria es apenas un espejismo.

Porque cuando Dios decide intervenir, no pide permiso. Y cuando lo hace, lo cambia todo.

Y aunque hoy parezca sábado…
la piedra ya empezó a moverse.

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