Reflexiones religiosas y políticas para la Semana Santa

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Por: Juan José Gómez

Para quienes somos católicos practicantes la Semana Mayor o Semana Santa, especialmente en sus tres días finales -el llamado Triduo Sacro- es un corto pero intenso periodo de meditación sobre la Vida, Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, que nos permite y nos impulsa a hacer un balance sobre nuestra propia existencia con todas sus luces y sombras y de acuerdo con la sincera conclusión a que lleguemos, modificar nuestra vida en aquellos aspectos que se considere necesarios para continuar en la difícil pero gratificante tarea de conseguir la eterna salvación de nuestra alma, cuando la muerte nos coloque en el sitio de los acusados que comparecen ante el Juez Supremo.

No basta, en mi concepto, que nuestras reflexiones sean exclusivamente dirigidas a sincerarnos sobre el estado de nuestra alma y a proveer, con la ayuda de Dios, las medidas conducentes a sanar nuestras enfermedades del espíritu. También es conveniente que pensemos en los males sociales y en sus remedios y especialmente en la gran responsabilidad que asumimos con nuestros votos, ya que de ellos depende el porvenir del país, esto es, el respeto que a los dirigentes que elijamos les merecerá el contrato social que celebramos con ellos para que expidan leyes justas y benéficas para la población y las cumplan y hagan cumplir los que reciben la misión de ejecutarlas.

Partiendo de las bases anteriores, como quiera que la política y especialmente los actuales procesos electorales juegan un papel importante en el día a día de los colombianos, se deduce que la misma Semana Mayor es temporada propicia para reflexionar sobre nuestra posición en tales materias, por lo cual vale la pena resumir los factores que deben considerarse para llegar a una decisión acertada en la participación que como ciudadanos y electores debemos tener en la designación de las autoridades de la nación.

Lo primero a considerar en relación con la presidencia de la República es el “curriculum vitae” de los candidatos. Su formación profesional. Sus actuaciones en la vida pública. Lo que se sepa de su vida privada y sea pertinente a su aspiración. Sus propuestas más importantes sobre el ejercicio de la presidencia si es elegido. Su programa de gobierno. Quienes son y como han actuado los integrantes de su equipo de colaboradores, que es lógico suponer que serán altos funcionarios de su administración.

Las respuestas que obtengamos al cuestionario anterior nos servirán de sólida base para decidir nuestro voto por el (la) aspirante, junto con la comparación que debemos hacer entre éste (a) y los demás candidatos, como también será factor de incuestionable importancia la afinidad que logremos establecer en materia de principios y valores (credo político) del aspirante y nuestra propia ideología.

Hasta aquí todo lo expresado es lo que la prudencia y el patriotismo recomiendan como fundamento de nuestro voto y además, del de aquellos electores sobre los cuales tengamos influencia suficiente para recomendarles como votar en la elección de titulares de los poderes ejecutivo y legislativo de una nación.

En el caso colombiano ya la elección de senadores y representantes a la cámara, integrantes del Congreso, ha tenido lugar, con resultados más o menos satisfactorios pues junto con personas de reconocida honorabilidad y notable capacidad para desempeñar el cargo, se han colado algunos reconocidos politiqueros y personas de conducta cuestionable, que más bien que en una u otra cámara deberían estar – y de hecho lo están o van camino de ella- en la cárcel.

Quedan por elegir el presidente y el vicepresidente de la república, los gobernadores de los departamentos y los alcaldes municipales, lo mismo que los diputados a las asambleas departamentales, concejos municipales y juntas administradoras locales. A estas elecciones que deberán efectuarse este año las presidenciales y el próximo año las demás, conviene que apliquemos las precauciones de que tratan los párrafos anteriores.

Queda otro tema por examinar y es de la fe en relación con la política. Estoy bien enterado de que vivimos días de incredulidad en materia religiosa porque el relativismo moral se ha apoderado de las mentes de un elevado número de personas, infortunadamente habitantes del que el Papa Paulo VI primero y después san Juan Pablo II llamaron en mejores tiempos “el Continente de la esperanza” al referiré a nuestra América.

Pero también abrigo la certidumbre del supremo poder de Dios y de su infinita misericordia y ello me lleva a sugerir que en esta Semana Santa que hoy comienza, hagamos un acto de fe y le pidamos al Dios Todopoderoso y Eterno que se apiade de esta Colombia que en otro tiempo estuvo consagrada al Divino Corazón de Jesús y que ya fue castigada por su impiedad con el desgobierno y la perversidad de un exguerrillero vicioso y de mala entraña y nos libre de caer en las manos de un náufrago del comunismo estalinista y permita que un genuino Defensor de la Patria como se anuncia Abelardo De la Espriella restaure en nuestro país los conculcados principios y valores de la Democracia informada, de la Libertad dentro del Orden y de la Paz como fruto de la Justicia.

ORACIÓN

Señor, Dios Todopoderoso y Eterno, en estos días santos en que conmemoramos la Pasión, Muerte y Resurrección de Tu Hijo, te pedimos que ilumines nuestras conciencias para que sepamos discernir con rectitud en las decisiones que afectan el destino de nuestra patria. No permitas que la indiferencia o la corrupción oscurezcan el camino de Colombia. Inspira a nuestros gobernantes y a quienes aspiran a serlo, para que actúen con justicia, con respeto al orden y con amor a la verdad.

Concédenos, Señor, la gracia de elegir con sabiduría y de vivir con coherencia, de modo que nuestra fe se traduzca en obras de paz y justicia. Que el sacrificio de Cristo nos recuerde que la libertad verdadera solo florece cuando está sostenida por la virtud, y que la democracia se fortalece cuando se funda en principios y valores auténticos.

Te rogamos, Padre, que protejas a Colombia de la perversidad y del engaño, y que nos concedas un gobernante que sea genuino defensor de la Patria, restaurador de la esperanza y custodio de la dignidad de nuestro pueblo.
Así sea.

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