Cada mañana es una oportunidad para reconocer el valor inmenso de la vida y la salud como dones de Dios. En su Saludo Mañanero, monseñor Misael Vacca Ramírez invita a iniciar el día con un corazón agradecido, conscientes de que estos regalos no tienen precio ni pueden comprarse. Desde esta gratitud brota la súplica por la sabiduría, la gracia y el amor necesarios para cumplir con la misión personal y comunitaria que cada uno ha recibido.
El mensaje resalta un llamado especial a las familias: orar por las vocaciones a la vida sacerdotal, religiosa y misionera, pues es en el hogar donde suele germinar la semilla del servicio. Como testimonio vivo de esta verdad, el saludo cuenta con la presencia de Sor Marcela, religiosa de la Congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, dedicada al cuidado de los adultos mayores que más lo necesitan, especialmente aquellos que han sido abandonados o no cuentan con apoyo familiar.
Sor Marcela comparte una historia vocacional marcada por la perseverancia y la confianza en Dios. Desde niña sintió el deseo de consagrarse, y con el tiempo descubrió que sus anhelos más profundos coincidían plenamente con el carisma de su congregación. Hoy, tras más de dos décadas de servicio, su testimonio confirma que Dios actúa desde lo sencillo y lo cotidiano, y que una vocación acompañada por la oración de la familia puede convertirse en un camino de entrega, alegría y esperanza para muchos.
















