La Ciudad del Vaticano se ha convertido esta semana en el epicentro de la atención global con el inicio del primer consistorio extraordinario convocado por el Papa León XIV. Desde este miércoles y hasta el jueves, el Pontífice reúne a los purpurados de todo el mundo en un encuentro a puerta cerrada que busca trazar las líneas maestras y las prioridades operativas de su pontificado, tras la reciente clausura del Jubileo de la Esperanza.
Esta convocatoria ha sido interpretada por vaticanistas y expertos en derecho canónico como una señal inequívoca de la trascendencia del momento actual. Lejos de ser un acto meramente protocolar o simbólico, el consistorio extraordinario se configura como la máxima instancia de colaboración donde el Papa consulta formalmente al Colegio Cardenalicio sobre asuntos de gran envergadura. La decisión de León XIV de llamar a sus consejeros más cercanos evidencia una voluntad de ejercer el ministerio petrino bajo principios de escucha activa y responsabilidad compartida.
La agenda de trabajo para esta jornada de día y medio es densa y aborda los pilares estructurales de la institución. Las sesiones de debate se centran en cuatro ejes fundamentales: el papel político y espiritual del Colegio Cardenalicio en el gobierno eclesiástico, la evolución y el futuro de la sinodalidad, la profundización en la reforma de la Curia Romana bajo la constitución apostólica Praedicate Evangelium, y el delicado asunto de la liturgia como vehículo para la unidad de los fieles.
Fuentes oficiales de la Santa Sede han destacado que el ambiente del encuentro es de oración y reflexión profunda. El objetivo central es fomentar la fraternidad entre los cardenales y el nuevo Obispo de Roma, permitiendo un intercambio abierto y sin filtros que facilite la colaboración administrativa y pastoral. Este consistorio no solo servirá para diagnosticar el estado actual de la Iglesia, sino que establecerá la hoja de ruta doctrinal y organizativa que guiará los primeros años del mandato de León XIV.















