Por: Héctor Quintero Arredondo
No sé si Gaitán hubiese sido buen presidente; pero lo que si conozco es que su oratoria era brillante y creativa.
En oportunidad feliz dijo: “vale más una bandera limpia en alto que ciento tendidas en el lodo”.
Hoy, en parodia podríamos decir que esas 20 banderas de los gobernadores que se levantaron contra los abusos de Epulón, valen más, mucho más que los trapos tendidos en el lodo de los que soportan o usufructúan el centralismo presidencial, los llamados uchupres, tan adictos a estudios, fiducias, burocracia inútil en lo interno y en lo externo que constituyen la peor sanguijuela de las finanzas públicas.
A mí no me gusta la división entre impuestos territoriales y nacionales. Me parece una creación artificial, útil para entregarle a los departamentos los impuestos sobre el juego, el licor, la gasolina. Pero peor es que la llamada Nación quiera robarse lo poco que le llega como libre destinación a las entidades territoriales.
Por ello nuestro aplauso para los que utilizarán la figura de la inaplicabilidad (art. 4 de la CN) por razones constitucionales, para menguar el entuerto.
Por primera vez estamos frente a una clara manifestación del poder territorial que tanta falta le hace a la democracia colombiana.
Observaremos qué hace el Procurador Eljach; es la hora de ver de qué lado está y obvio esperaremos el fallo de la Corte Constitucional.
Desde los escritos de Tomas de Aquino, en plena edad media, se ha definido que la rebelión contra el gobernante injusto está autorizada.
¡Autonomía o catástrofe!
















