Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Cuando hace unos días dije que se veía venir la conformación de un bloque político integrado por los grupos que hasta ahora no han definido candidato, no estaba exagerando. Las condiciones son propicias y el tiempo es el adecuado, siempre y cuando ninguno de ellos tenga ya las cabuyas pisadas y estén solamente a la espera del resultado de los comicios del 8 de octubre para negociar la fuerza parlamentaria que le brindarán a quien apoyen.
Pero, partiendo de la base de que aún ninguno lo ha hecho, la estrategia no es para perderla en contiendas egoístas sino para jugarla con astucia. Si el 9 de marzo, un día después de las elecciones de Congreso, se cuentan los senadores y representantes elegidos por esos grupos (Liberal, Conservador, Cambio Radical, La U) y todos acuerdan un candidato presidencial único, el impulso con que arranca le hace recuperar todo el tiempo que han pasado sin lanzarlo y, bien craneado y generosamente apoyado en los gastos de campaña, se puede volver contendor de primera línea.
Por supuesto, bastantes lectores y oyentes de estas crónicas me preguntaron si yo sabía quién podría ser ese candidato. Ayer, en la leída columna Grafiti, de análisis político del diario Occidente, se habla de cómo está creciendo el consenso en favor del actual presidente de Fenalco, Jaime Alberto Cabal, un dirigente gremial que ha sido vertical, pero muy respetuoso, en su crítica a Petro y a su equivocado gobierno.
Lo conozco por paisanaje, porque es de Buga, pero nunca lo he tratado a profundidad. Empero, soy testigo de cómo ha desmenuzado los errores del gobernante y cuán sólidos son sus argumentos para enfrentarlo. No es de los Cabales latifundistas, por lo que tendrá que salir totuma en mano a financiar su campaña; pero como al país le sobran ganas de barrer ese reverbero de candidatos y, en especial, de darle garrote a la polarización Uribe/Petro que nos ha jodido, Cabal, un asalariado, podría ser el hombre y hasta la esperanza.

















