En una finca de Costa Rica, el P. Alejandro Sandí dedica su tiempo y recursos al cuidado de más de 60 perros rescatados de las calles, en un proyecto que él mismo define como fruto de su fe y su compromiso con el respeto a la creación.
El sacerdote, originario del cantón de Aserrí, al sur de San José, relató que su vinculación con los animales comenzó en su infancia, cuando creció rodeado de diversas mascotas en un ambiente rural. Tras su ordenación, llevó consigo dos perros a su primera parroquia y con el paso del tiempo se percató de la situación de abandono que vivían muchos caninos en las comunidades donde servía.
A partir de 2003 comenzó a recoger animales de la calle, vacunarlos, desparasitarlos, esterilizarlos y buscarles hogares. Sin embargo, ante el alto número de regresos de perros adoptados a situaciones de abandono, optó por hacerse cargo de ellos permanentemente.
Con el crecimiento del proyecto, que llegó a albergar hasta 120 perros, el padre Sandí adquirió un terreno de aproximadamente 3.000 metros cuadrados en su localidad natal, vendió su automóvil y pidió un préstamo para construir lo que hoy se conoce como C.A.S.A. (Casa, Alimento, Salud y Ambiente Seguro), un espacio destinado al cuidado integral de los animales.
Actualmente, la mayoría de los perros tienen edad avanzada y el sacerdote señaló que, además de los que residen allí, ayuda a alimentar hasta cerca de 100 animales al día, colaborando también con otros proyectos de cuidado animal cuando tiene excedentes de alimento.
El P. Sandí ha decidido no recibir más animales ni promover adopciones debido a su edad y la responsabilidad de garantizar el bienestar futuro de los perros bajo su cuidado.
Más allá de una labor de rescate, el proyecto del sacerdote se apoya en una reflexión de fe inspirada en el cuidado de la “Casa Común”, concepto promovido por el Papa Francisco, que subraya la responsabilidad humana de proteger y respetar todas las criaturas vivientes. Para Sandí, los animales “no son hijos ni familia” pero sí parte de la creación confiada al ser humano, y su bienestar forma parte de un uso responsable de los bienes de este mundo.
En sus palabras, ver a los perros “durmiendo bajo un techo, caminando libres y sin maltrato” le confirma que su labor ha tenido sentido, consolidando un modelo de convivencia y cuidado que trasciende lo estrictamente pastoral y se inserta en el campo del rescate animal y la ética del cuidado.


















