Por: Federico Senior
Por ahora, nuestro presidente, exguerrillero, aún no lo es, pero no cabe duda, ante su actuar, que ha hecho, hace y hará todo lo posible por parecérsele, a él, o a Chaves, o a Lula, o tal vez a quien más quiera emular sea a “Fidel”, ¿o a Hitler?
Cuando al hacernos un examen clínico, nos aparece un pequeño bulto en alguna parte del cuerpo, el médico nos indica que, aunque esa “bolita” por ahora no represente mayor peligro, lo mejor es desde ya, extirparla, seguro estoy, que todos aceptaríamos la sugerencia del galeno.
A Colombia, esa “bolita” se le volvió un inmenso y amenazador tumor, que evidencia su malignidad con totales claridad y contundencia, ese sarcoma se llama Gustavo Petro y sus tentáculos, los áulicos del Pacto histórico, han hecho metástasis en muchas capas de la sociedad.
Al parecer, una no despreciable parte de la población cree aún, que la pepita no es maligna, es más, en vez de extirparla, quieren que aumente, que termine de invadir todo el cuerpo de la nación, sin pensar en que cada uno de ellos, saldrá destruido por su falta de visión, y lo peor, por no entender que el camino que decidió recorrer nuestro vecino Venezuela, llevo a ese país a la peor de las desgracias que ha podido soportar pueblo alguno en la historia reciente de América.
No creen, o no quieren creer, o tal vez como viven de la teta del Estado, no les conviene y no les importa que su ceguera, pueda llevarlos a vivir aciagos días, que solo se resolverán si algún valiente extranjero decide extirparlo (el tumor de la tiranía), como de hecho esta sucediendo en la nación del bravo pueblo.
Razón de sobra tiene Donald Trump en considerar a nuestro presidente como una amenaza, es consciente el mandatario americano, que éste fue elegido de manera democrática por el pueblo, de igual manera, bien sabe, que lo mismo sucedió con Hitler en 1933, Mussolini en 1924, y con el mismo Chaves en 1999, todos elegidos por el pueblo, sí, y se quedaron en el poder, porque era esa su verdadera intención, para todos ellos la democracia fue solo el vehículo que les permitió acceder al poder, y lo lograron, y acabaron con sus países, y les tocó a los lideres de países ajenos, entrar a sus territorios, buscarlos, encontrarlos y extinguirlos, a los nazis, los fascistas y hoy, a los chavistas.
Y es que lo que Petro pretende, no lo estamos suponiendo, ni pretendemos calumniarlo, para nada, son sus reiteradas manifestaciones y peor aún, los hechos, los que nos muestran de nítida manera, su intención de instaurar en nuestro país, un régimen totalitario, que los lleve a ellos a la cenit de la riqueza y el poder, producto de esa codicia que tanto critican en los demás, y convertir al país en su feudo, sin importarles en lo más mínimo la pauperización de la población, su ruina moral y económica.
Así, que el Presidente Trump, lo único que pretende hacer, es extirpar el tumor, que aún no ha hecho metástasis en todo el cuerpo.
Ahora bien, algo que merece consideración, es que la mejor manera de hacer la mencionada cirugía política es derrotando al sucesor de Petro en las urnas, puesto que ante cualquier intento de derrocarlo por la fuerza, la consecuencia inmediata, sería un fortalecimiento de la base petrista, y un aumento de la misma, encendiendo la retórica y el ardor nacionalista, anti imperialista, confirmando (para ellos) el papel de mesías salvador de la nación, el único (según ellos) que puede romper las cadenas del esclavismo capitalista, discurso con el que sin duda derrotarían a cualquiera sea el candidato que se le oponga al delfín del presidente.
Es imperativo que Gustavo Petro siga siendo el presidente de Colombia, eso sí, solo hasta el 7 de agosto del presente año, ojalá y antes de las tres de la tarde, entre tanto, el congreso y las cortes, los dos poderes diferentes al ejecutivo, deben impedir que su voluntad dictatorial se vuelva ley, evitar a toda costa, que manipule las elecciones, y cuidarle para que ni siquiera un rasguño se le cause, antes de que abandone el poder.
La protección física al presidente es de categórica exigencia para quienes deben cuidarle, tocarle un pelo, solo sería volverle una víctima real, situación ideal para justificar que los que no piensan como él, son los únicos causantes del desastre de su mandato, culpa de todos menos de él, incluidos hasta los mismos integrantes de su propio gobierno, elegidos y nombrados por él.
Así que por favor Presidente Trump, no le echemos leña al fuego, dejemos que la enseñanza que nos deja su magistral sustracción del sátrapa, asesino, miserable, repugnante Nicolas Maduro, sirva de ejemplo, que su intervención en los asuntos de Venezuela muestren como resultado la mejora de la población, la posibilidad del regreso de los expatriados, el retorno a la libertad, la democracia y el progreso, sean los hechos, que nos muestren en Colombia, que el camino del socialismo, conduce solo a la miseria, la opresión y la vida triste, que le vemos en los rostros a los cubanos, nicaragüenses, coreanos del norte, y a nuestros hermanos venezolanos.















