Petro: Mucho discurso, poca solución

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Por: Aldrin García – Director de Totus Noticias

Hay cosas que no se dicen por grosería, sino por verdad. Cuando la gente afirma que “putearon la Casa de Nariño”, no está insultando: está describiendo cómo se gobierna hoy el país. Porque cuando el poder se usa más para hablar que para resolver, el Estado deja de ser serio y se convierte en un escenario de discursos mientras los problemas reales siguen creciendo.

Los impuestos se pagan, pero no se sienten. La plata alcanza para propaganda, pero no para salud. El sistema se volvió más confuso, la vivienda más lejana y el Icetex pasó de ser una ayuda a un problema que prefirieron desfinanciar. Todo se explica con palabras bonitas, pero nada se soluciona con hechos concretos.

Se cancelan eventos deportivos, pero se financian causas que no reducen la violencia. Se habla de paz, pero la inseguridad aumenta. Se pide comprensión mientras se normaliza lo inaceptable. Y en medio de todo eso, la ética y la moral parecen haber quedado fuera del debate, como si exigir orden y responsabilidad fuera algo anticuado.

Entonces aparece la frase que resume el cansancio nacional: Colombia no necesita cambiar la Constitución, necesita cambiar de presidente. Porque cuando un gobierno no da resultados, siempre busca culpables afuera. La culpa nunca es de quien manda, sino del sistema, de los jueces, del Congreso o de la Carta Política.

El problema no es la Constitución. El problema es la falta de liderazgo, de gestión y de sentido común. Gobernar no es pelear todos los días, ni dividir al país entre buenos y malos. Gobernar es administrar bien, tomar decisiones difíciles y asumir responsabilidades sin excusas.

Y la pregunta final queda en el aire: ¿a todo esto lo llaman gobernar? Gobernar es resolverle la vida a la gente, no complicarla. Todo lo demás —los discursos, la narrativa, la confrontación permanente— es puro ruido. Y con ruido no se gobierna un país.

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