Por: Juan José Gómez
Ayer se cumplió un nuevo y luctuoso aniversario de la muerte, a la edad de 90 años, del cofundador de La Linterna Azul, el ingeniero Mariano Ospina Hernández, uno de los más ilustres estadistas colombianos del siglo XX.
A su profesión de ingeniero unió conocimientos y títulos que lo acreditaban también como planificador, biólogo, botánico, sociólogo, educador, empresario y político. Esta última actividad la desempeñó con tal sabiduría y pulcritud que le concitó el respeto y la admiración de sus compatriotas, y especialmente de sus copartidarios conservadores, quienes llegaron a reconocer en él el modelo del genuino estadista: aquel que —según una conocida reflexión sobre la vida del ilustre primer ministro británico Winston Churchill— se distingue del político en que éste piensa en la próxima elección, mientras el estadista piensa en la próxima generación.
El doctor Ospina Hernández fue el primogénito del expresidente Mariano Ospina Pérez y de su esposa, la primera dama doña Bertha Hernández de Ospina. Nació en Medellín el 2 de agosto de 1927 y falleció en Bogotá el 12 de marzo de 2018.
Estudió ingeniería civil en la Escuela de Minas de Medellín, posteriormente integrada a la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Colombia, y continuó su formación en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en los Estados Unidos. Más tarde realizó estudios en la Universidad de Harvard, en 1951, y recibió el título honoris causa en Biología Marina de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.
En el sector privado gerenció varias empresas, entre ellas la Editorial El Globo S.A., vinculada al diario La República.
Su trayectoria política comenzó como concejal de Guatavita entre 1956 y 1958. Posteriormente fue concejal de Itagüí entre 1962 y 1964 y de Medellín entre 1968 y 1970. También se desempeñó como diputado a la Asamblea de Antioquia entre 1964 y 1966, y más tarde llegó al Senado de la República por el Partido Conservador Colombiano, corporación en la que actuó entre 1970 y 1982. Por la misma colectividad fue miembro de la Asamblea Nacional Constituyente que expidió la Constitución Política de 1991.
En el gobierno nacional se desempeñó como embajador de Colombia en la República Federal de Alemania entre 1979 y 1981, y fue gerente general de la Caja de Crédito Agrario, Industrial y Minero.
Tuvo además importantes actuaciones internacionales: fue delegado al Grupo de Consulta del Banco Mundial en 1971 y participó ese mismo año en el Grupo de Consulta de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, en París. Asimismo, intervino en el Congreso Interamericano de Municipalidades celebrado en Málaga en 1972.
Posteriormente actuó como embajador ante la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, celebrada en Ginebra en 1975, y dirigió la Fundación Mariano Ospina Pérez hasta su fallecimiento. Precisamente en las oficinas de esta institución, en Bogotá, murió a los 90 años tras sufrir un infarto agudo de miocardio.
De su señora madre heredó el doctor Ospina Hernández una notable afición por las orquídeas, llegando a convertirse en un verdadero experto en esta flor emblemática de Colombia. Escribió varios libros sobre el tema y cultivó con gran éxito diversas especies nativas y extranjeras tanto en su residencia de Medellín como en la de Bogotá.
Junto con su esposa, la distinguida dama bogotana doña Helena Baraya de Ospina, fundó la Sociedad Colombiana de Orquideología y el Comité Latinoamericano de Orquideología. Gracias al impulso que dio a estas instituciones, su esposa y otras personalidades de la sociedad antioqueña lograron que Medellín fuera elegida sede de la Séptima Conferencia y Exposición Mundial de Orquideología.
Aquel evento, realizado con gran éxito y con la asistencia de más de dos mil participantes provenientes de los cinco continentes, contribuyó decisivamente a situar a la capital antioqueña en los mapas turísticos del mundo y dejó como legado el Jardín Botánico Joaquín Antonio Uribe. Por lo demás, doña Helena Baraya de Ospina fue también una de las principales promotoras del desarrollo turístico de Medellín y de Antioquia.
A ocho años de su partida, el doctor Ospina Hernández continúa teniendo una poderosa presencia en nuestra sociedad. Sabio y visionario como era, se anticipó a señalar muchas de las causas de nuestra problemática social y las soluciones correspondientes, todas ellas orientadas hacia una idea central: la urgente necesidad de mejorar la educación de los colombianos para lograr su participación efectiva en los procesos de desarrollo integral.
Ese concepto fue definido con claridad por el pontífice Pablo VI cuando, en su encíclica Populorum Progressio, proclamó: “Para ser auténtico, el desarrollo debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre”.
En La Linterna Azul hemos procurado seguir fielmente las enseñanzas del doctor Ospina Hernández. No solo fue el fundador de este periódico, junto con doña Helena, su esposa, sino también el autor de una serie de preceptos y normas que consideraba fundamentales para la acción del Partido Conservador Colombiano, tanto en el gobierno como en el Congreso. Tales principios se inscriben en la tradición doctrinaria establecida por los padres fundadores del conservatismo colombiano, Mariano Ospina Rodríguez y José Eusebio Caro, en el periódico La Civilización del 4 de octubre de 1849.
Lamentablemente, desde hace algunos años individuos carentes de decencia política y de principios doctrinarios han secuestrado la dirección del Partido Conservador y se han adueñado de él, utilizándolo para su propio beneficio y el de sus allegados. A ello se suma su alianza con sectores políticos tan cuestionables como los integrantes del llamado Pacto Histórico, la agrupación de orientación filocomunista que, bajo el gobierno de Gustavo Petro, ha conducido a Colombia por un camino de incertidumbre desde el 7 de agosto de 2022.
Si los colombianos de bien no lo remedian, ese proyecto político podría prolongarse en el próximo cuatrienio, con el riesgo de conducir al país hacia el caos institucional y la condición de Estado fallido.
Por eso, al conmemorar la vida y la obra del doctor Mariano Ospina Hernández, queremos invitar a nuestros compatriotas —a todos aquellos que aman de verdad a Colombia y sienten como propios sus dolores— a reflexionar sobre la gravedad del momento histórico que vivimos. Nos encontramos ante la posibilidad de la continuidad de un régimen de inspiración marxista, estatista y con preocupantes tendencias autoritarias.
Unidos —aunque sea por el temor al porvenir— debemos rescatar a nuestro país de la peligrosa situación en que se encuentra y devolverle la paz verdadera, la justicia pronta y cumplida, la libertad conquistada al precio de ríos de sangre por nuestros libertadores y el desarrollo socioeconómico que nuestra nación merece.
Las enseñanzas del doctor Ospina Hernández, consignadas en sus libros y en su ejemplo de vida pública, pueden servirnos de guía para alcanzar ese propósito.


















