LOS ROBAGALLINAS DE PETRO – Crónicas de Gardeazábal

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Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

El país está mamado de los robagallinas que rodean a Petro. Tanto o más mamado está también de tener que oír las falsas afirmaciones del mandatario, que ya nadie rebate porque, salvo los fanáticos de la primera línea, pocos se las creen.

Los que votaron por él y creyeron en el cambio terminaron haciéndose las mismas preguntas que sus enemigos: ¿por qué deja robar Petro a sus pícaros segundones? ¿Por qué los ministros y asesores no evitan que el presidente juzgue y decrete en materias en las que evidentemente es ignorante?

Es posible que, como en este país hemos registrado latrocinios mayúsculos del poder bogotano como Colpuertos, Dragacol, Reficar, Interbolsa o el Banco del Estado, o la ya olvidada Trilladora Handel, las indelicadezas de que acusan al combo de la Unidad de Riesgo hayan terminado siendo latrocinios de menor cuantía si uno los compara con las milmillonadas que se perdieron en el pasado.

Pero como con Petro resultaron tan abundantes y tan notoriamente registrados por sus acérrimos enemigos, y lograron arrastrar desde ministros del despacho hasta consejerías presidenciales del entorno inmediato del primer mandatario, la magnitud de los mismos ha crecido en igual o mayor medida en que el presidente se niega a condenarlos enérgicamente y, cuando no los ha dejado pasar, los minimiza en sus tímidas defensas.

En tal condición, el combo de los robagallinas, por condescendencia presidencial, ha terminado convirtiéndose en un anexo populista del problema histórico y sociológico de la corrupción en Colombia, donde, como todo se hace por contrato, cada contrato le abre la puerta a un nido pequeño o grande de corrupción que se tolera.

Muchos creemos entonces que este país, mamado de robagallinas y de ignorantes redactando decretos que tumban las Cortes en seguidilla, debe estallar. Pero no. Aquí, como siempre, pasa de todo y no pasa nada.

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