Por: Armando Estrada Villa
En la presente campaña electoral compiten por acceder al poder 14 candidatos de variadas ideologías, que, de acuerdo con las últimas encuestas, que desde luego pueden variar de aquí al 31 de mayo, sólo 4 aparecen con posibilidades de triunfar. Ellos son Cepeda en la extrema izquierda, De La Espriella en la extrema derecha, Fajardo equidistante de los extremos en el centro y Paloma que combina su postura de derecha con la de Oviedo que tiene ideas de izquierda hasta el punto de que personifica los derechos posmateriales, a que se refiere el politólogo estadounidense Ronald Inglehart, como el derecho a ser diferente y a escoger su propia identidad sexual.
En la Colombia actual, en términos elementales, son de izquierda la defensa del proceso de paz, el rechazo a la explotación del fracking y el respaldo a la intervención estatal en materia económica y son de derecha la oposición al proceso de paz, la defensa del fracking y la operación fuerte del Estado en asuntos de seguridad y débil en su injerencia en la economía. A lo que agregan posiciones diferentes sobre los límites y condicionamientos de la propiedad privada, la concepción de la igualdad y la distribución del ingreso y la riqueza, la libertad del mercado, la legalización de parejas homosexuales, los temas ambientales, el respaldo al cambio o a la tradición, la eutanasia, la constituyente, los derechos posmateriales, la igualdad de género y el aborto, entre otros.
En un país tan polarizado donde se acude con tanta facilidad a la violencia física y verbal, donde la amenaza, la descalificación y el insulto remplazan el argumento racional, urge la invitación al dialogo y la moderación, no a la profundización de las diferencias ni a la radicalización de los planteamientos de derecha o de izquierda. Ante las posiciones extremas de derecha o izquierda que rechazan cualquier enfoque, propuesta o información, por cierta que sea, que no encaje en su ideología, la postura moderada está abierta a recibir información, propuestas y enfoques que sirvan para temperar e integrar ideas de posiciones radicales. Y es por eso por lo que tiene cabida y hasta resulta necesario que haya voces que encarnen el centro.
Hechos como la crisis político-administrativa, del cambio político y de la paz total, los fuertes enfrentamientos políticos y sociales que vivimos, la aguda rivalidad de los extremos políticos, la tirantez que ejerce un grupo radical sobre otro hace imposible que puedan implantar su programa de gobierno, la tendencia de los extremos de llevar como sea hasta sus últimas consecuencias sus ideas, planteamientos y propuestas y el elevado grado de polarización existente, que puede poner en riesgo la democracia, constituyen elementos que configuran una coyuntura propicia para que aparezcan y se pongan en marcha corrientes, partidos, actitudes, políticas y políticos de centro izquierda y centro derecha.
Puesto que el centrismo actúa con una postura ideológica moderada equidistante de los extremos, que busca un terreno común de acuerdo entre la oposición radical izquierda-derecha, procede a calmar el enfrentamiento agudo de los extremos políticos, contribuye a salvar el sistema democrático cuando está excesivamente polarizado, puesto que es un factor de moderación ante los excesos, garantía de estabilidad democrática y aval de continuidad que construye sobre lo construido y no arrasa lo existente en lo político, social y económico.
Corresponde a los colombianos, en las elecciones del 31 de mayo, decidir si optan por la moderación que pregonan Fajardo y Paloma o si prefieren el radicalismo extremo de izquierda de Cepeda o de derecha de De La Espriella.














