Israel y EE. UU. alistan nueva fase ofensiva mientras Irán amplía sus ataques

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Israel y Estados Unidos se preparan para una nueva fase de operaciones contra Irán en medio de una rápida escalada militar que este 21 de marzo de 2026 ya incluye ataques sobre instalaciones estratégicas, amenazas directas a infraestructura energética y una expansión del conflicto hacia rutas clave del comercio global. Reuters y Associated Press reportaron que, en las últimas horas, fuerzas israelíes y estadounidenses intensificaron su presión sobre objetivos iraníes mientras Teherán respondió con misiles de mayor alcance y ataques contra intereses regionales de Washington y sus aliados.

Uno de los episodios más delicados de la jornada fue el ataque al sitio nuclear de Natanz, una de las instalaciones más sensibles del programa atómico iraní. Medios internacionales informaron que Irán confirmó el golpe contra ese centro de enriquecimiento de uranio, mientras el Organismo Internacional de Energía Atómica fue notificado y no reportó aumento de radiación fuera de la planta. El hecho elevó aún más la gravedad del conflicto por tratarse de infraestructura nuclear y por el riesgo de que futuras acciones alcancen objetivos de mayor impacto estratégico.

La respuesta iraní mostró un salto en intensidad. Según Reuters y AP, Teherán lanzó por primera vez misiles balísticos de largo alcance hacia zonas del sur de Israel cercanas al principal centro de investigación nuclear israelí, en los alrededores de Dimona, y además amplió su radio de ataque hacia activos militares y energéticos vinculados a Estados Unidos y sus socios. Las autoridades iraníes presentaron esa ofensiva como una represalia directa por los bombardeos recientes sobre su territorio y por la presión militar sostenida desde el inicio de esta fase de guerra a finales de febrero.

En paralelo, el presidente Donald Trump endureció su posición pública y amenazó con destruir plantas eléctricas iraníes si no se restablece la navegación en el estrecho de Ormuz, corredor por donde transita una porción decisiva del petróleo mundial. Ese ultimátum se suma a la exigencia de Washington para que aliados internacionales contribuyan a asegurar la ruta marítima, en medio de una crisis energética que ya empuja al alza los precios del crudo y del gas. La posibilidad de que la nueva fase de ataques incluya infraestructura civil estratégica refuerza el temor a una guerra más amplia y prolongada.

La expansión del conflicto también está afectando el equilibrio diplomático de Occidente. Reuters informó que Trump ha reclamado más apoyo de países aliados para contener a Irán y garantizar la seguridad marítima, pero varias potencias han evitado comprometerse con una participación militar más directa. Esa cautela internacional contrasta con el avance de las operaciones sobre el terreno y con la retórica cada vez más agresiva de la Casa Blanca, que combina señales de presión máxima con mensajes ambiguos sobre una eventual reducción futura de su implicación militar.

El balance humanitario y geopolítico sigue empeorando. AP informó que los nuevos ataques dejaron decenas de heridos en Israel y que la guerra, ya en su cuarta semana, ha causado miles de muertos en Irán, además de daños crecientes en varios países del entorno regional. A eso se suma el impacto económico global derivado de las restricciones en Ormuz, las amenazas sobre instalaciones energéticas y la incertidumbre sobre cuánto más puede extenderse una confrontación que ya supera el marco de choques limitados y se perfila como una guerra de mayor escala.

La nueva etapa del conflicto apunta así a una ofensiva más amplia, con blancos de alto valor estratégico, mayor implicación estadounidense y una respuesta iraní cada vez menos contenida. Aunque todavía no hay un anuncio formal conjunto que detalle todos los objetivos de esa siguiente fase, los movimientos militares reportados este 21 de marzo muestran que Israel y Estados Unidos están elevando la presión sobre Irán en un escenario donde la desescalada inmediata parece, por ahora, cada vez más lejana.

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