CUIDEMOS Y PROMOVAMOS EL DESARROLLO EN NUESTRA CASA COMÚN DEL OCCIDENTE ANTIOQUEÑO CON AMOR CRISTIANO, QUE ES EL VALOR ABSOLUTAMENTE IMPRESCINDIBLE.
Por: Mons. Ignacio Gómez Aristizábal
Como Obispo emérito de la Arquidiócesis de Santa Fe de Antioquia, donde está sembrada mi alma sacerdotal desde el año de 1992, cuando por designios inescrutables de la divina providencia fui nombrado Obispo de la queridísima e inolvidable Arquidiócesis de Sana Fe de Antioquia, y en asocio con el muy apreciado Señor Arzobispo Hugo Marín Torres, me es grato exhortar a todos y a cada uno de los habitantes de la zona, a seguir participando generosamente en el desarrollo de toda la región, no con un amor cualquiera sino con amor cristiano.
Para definir con exactitud qué es el amor cristiano, ayuda la consideración de los tres amores. El amor simplemente humano, el amor divino y la mezcla del amor humano con el amor divino. 1. El amor humano es el que emerge de la naturaleza humana, el cual es muy pequeño, poco dinámico y cargado, en unos más que en otros ,de los pecados capitales de la soberbia, de la avaricia, la lujuria, la ira, la gula, la envidia y la pereza, tremendos limitantes y opositores para construir un occidente antioqueño en la verdad, en la justicia, y en el amor auténtico. 2. El amor de Dios, que emerge de la naturaleza divina y cuyas características son purísimo, e decir no afectado por ninguna mancha de pecado, intensísimo, misericordiosísimo y gratuito e infinito. 3. La mezcla del amor divino con el amor humano, que se da en Jesucristo. verdadero Dios y verdadero hombre. Para esto, la segunda persona de la Santísima Trinidad, el Hijo de Dios Padre, se ha dignado asumir carne humana en el seno de María Santísima y aparecer en la historia con un tipo de amor muy especial hacia Dios Padre y hacia la humanidad supremamente distinto del meramente humano y que se llama amor humano divino.
La gran noticia es que Jesucristo nos comunica este amor humano- divino a través de la oración y los sacramentos y que tiene su inicio en el bautismo y su consumación en la Santa Eucaristía y de manera especial cuando comulgamos el cuerpo y la sangre de Cristo. Por esta razón afirmamos que este tipo de amor no es producido por la carne y la sangre sino que adquiere el nombre de amor infuso o sea infundido. En nuestra vida histórica encontramos que este tipo de amor cristiano se halla en todos los tamaños: pequeño, un poco crecido y una gran variedad hasta llegar al amor gigante que se manifiesta en una gran intensidad hasta llegar al heroísmo o sea el amor ardiente. Este amor se da en el esfuerzo de cada persona por crecer en el amor y la acción del Espíritu Santo en la persona infundiendo amor.
El amor cristiano intenso es el requerido para acometer una lucha intensa para combatir el hambre, la miseria, la injusticia y el desorden social que impera en nuestro medio. Con un amor tibio y pequeño, es poco lo que podemos hacer. El Papa San Pablo VI en su inolvidable Encíclica denominada “El desarrollo de los pueblos nos habla de que para que sea auténtico debe incluir el desarrollo en todos y cada uno de los niveles y en muchos casos no se tiene en esta virtud que es el nivel más importante. Ruego al Señor que provoque una inundación del amor cristiano en toda la población del Occidente antioqueño, a fin de que respete la vida humana, se ame la naturaleza y se impulse el desarrollo integral de las personas y comunidades locales y regional con pasos de gigante.
¡Cuán importante es el estudio de las Cartas Encíclicas “Todos Hermanos” y “Laudato Sí” Del Papa Francisco, de feliz memoria!.
















