No se puede ser más hp: suben la gasolina y la solución es que compremos carro eléctrico

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Por: Aldrin García – Director de Totus Noticias

Hay decisiones que duelen, y hay decisiones que además insultan la inteligencia. Lo que está pasando hoy con el precio de la gasolina en Colombia entra en la segunda categoría. Con el galón bordeando los $16.000, el golpe ya no es solo al bolsillo: es a la dignidad de millones de colombianos que viven literalmente de su vehículo. Y en medio de esa realidad, el mensaje que llega desde el poder no podría ser más desconectado: la solución es que cambiemos a carros eléctricos.

Sí, así de simple. Así de absurdo. Según Gustavo Petro, el problema no es que la gasolina sea impagable, sino que usted no ha “evolucionado”. Que no ha entendido que debe dejar atrás su moto, su carro, su herramienta de trabajo, para subirse al tren de la transición energética. Un tren que, por cierto, en Colombia ni siquiera tiene rieles.

Porque aquí es donde la fantasía choca de frente con la realidad. El colombiano que hace acarreos, el conductor que trabaja 12 o 14 horas al día, el que paga cuota diaria, el que sostiene su casa con lo que produce su vehículo… no tiene 150 o 200 millones de pesos disponibles para comprar un carro eléctrico. No vive en esa Colombia imaginaria donde cambiar de carro es tan fácil como cambiar de celular.

Y aun si los tuviera, surge otra pregunta básica: ¿dónde lo carga? Porque nos hablan de energía solar como si en cada esquina hubiera estaciones de carga listas, como si el país estuviera lleno de infraestructura moderna, como si el sistema estuviera preparado. Pero no. La verdad es que Colombia no tiene ni de lejos la red necesaria para sostener ese discurso. No hay cobertura, no hay acceso, no hay planificación seria.

Entonces lo que queda es evidente: no estamos frente a una transición energética responsable, sino frente a una imposición ideológica sin aterrizaje. Se sube la gasolina, se asfixia al que produce, y luego se le dice que el problema es suyo por no adaptarse. Es la inversión de la lógica: el Estado falla, pero la culpa es del ciudadano.

Lo más grave es que esto no ocurre en un país rico, ni en una economía robusta, ni en un sistema con subsidios amplios. Ocurre en Colombia, donde la informalidad manda, donde el trabajo diario depende del movimiento, donde el carro o la moto no son un lujo sino una herramienta de supervivencia. Pedirle a esa Colombia que “migre” a lo eléctrico de la noche a la mañana no es solo ingenuo, es profundamente irresponsable.

Aquí nadie está en contra del futuro, ni de las energías limpias, ni de modernizar el país. El problema es cómo se hace. Y lo que estamos viendo es todo lo contrario a una transición: es un salto al vacío sin red, donde el único que cae es el ciudadano.

Al final, el mensaje que queda es brutalmente claro y resume toda esta política en una sola línea:

Subimos la gasolina…
para que compren carro eléctrico.

Gracias por su atención.

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