En un solemne llamado a la cohesión religiosa, el Papa León XIV clausuró este domingo la 59.ª Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos advirtiendo que, aunque las fracturas dogmáticas no logran extinguir la luz del Evangelio, sí oscurecen la capacidad de la Iglesia para reflejarla ante el mundo. Durante la celebración de las Segundas Vísperas en la Basílica de San Pablo Extramuros, el Pontífice instó a las diferentes confesiones a reconocerse ya como una sola entidad espiritual y a «manifestarlo» públicamente para comunicar la fe con una sola voz.
La ceremonia coincidió con la solemnidad de la conversión del apóstol San Pablo, figura central en la homilía papal. León XIV destacó la transformación del «apóstol de las gentes», quien pasó de ser un perseguidor a definirse como «prisionero por causa del Señor», demostrando que el encuentro con Dios cambia la dirección de la vida sin dejar a la persona atada a su pasado. El Obispo de Roma subrayó que esta metanoia personal debe trasladarse a la misión colectiva de las iglesias: anunciar a Cristo y edificar su Cuerpo, superando las divisiones que hacen «más opaco» el rostro que debe iluminar a la humanidad, citando la constitución dogmática Lumen Gentium.
En un gesto de continuidad histórica y teológica, el Papa recordó su reciente viaje apostólico a Turquía y Líbano en noviembre de 2025, donde conmemoró el 1700 aniversario del Concilio de Nicea junto al Patriarca ecuménico Bartolomé I. León XIV calificó como un testimonio inolvidable el haber recitado el Credo niceno en Iznik, la antigua Nicea, justo en el lugar donde fue redactado originalmente, reafirmando la verdad de un Dios cercano.
El Pontífice también hizo referencia al legado de su «venerado predecesor», el Papa Francisco, y su impulso al camino sinodal, el cual describió como intrínsecamente ecuménico. Mirando hacia el futuro, específicamente al Jubileo bimilenario de la Redención en 2033, León XIV invitó a desarrollar prácticas sinodales conjuntas para que las distintas tradiciones cristianas compartan «lo que son, lo que hacen y lo que enseñan», promoviendo así un conocimiento mutuo más profundo.
La liturgia incluyó elementos significativos de la tradición armenia, recordando la figura de San Nersés Šnorhali, quien en el siglo XII trabajó incansablemente por la unidad y la «sanación de la memoria». El Papa enfatizó que la unidad no es una estrategia política, sino una necesidad esencial para la predicación del Evangelio, tal como lo enseñó San Juan Pablo II. La oración contó con la participación de delegados fraternos como el metropolitano Polykarpos del Patriarcado Ecuménico y el obispo anglicano Anthony Ball, quienes acompañaron al Papa a rendir homenaje ante la tumba del Apóstol Pablo.
Antes del inicio de la ceremonia, se develó e iluminó el mosaico oficial de León XIV en la nave izquierda de la basílica, instalado junto al de Francisco, simbolizando la sucesión apostólica y la continuidad del ministerio petrino. El Cardenal Kurt Koch, prefecto del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, agradeció al Pontífice su «corazón abierto al ecumenismo», recordando que la unidad está arraigada en el bautismo y es indispensable para que la fe cristiana no renuncie a su propia esencia.
















