El presidente Gustavo Petro anunció oficialmente que el precio de la gasolina en Colombia comenzará a bajar en los próximos días, marcando un giro significativo en la política de combustibles del país tras meses de ajustes al alza. El mandatario confirmó la noticia durante la reciente sesión del Consejo de Ministros, explicando que esta decisión es técnicamente viable gracias al pago total de la deuda del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC) y a la coyuntura económica favorable por la apreciación del peso colombiano frente al dólar.
Según lo detallado por el Jefe de Estado, el saneamiento de las finanzas del FEPC, un fondo que acumulaba un déficit histórico, permite ahora trasladar los beneficios de la estabilidad cambiaria directamente a los consumidores. «Ya pagamos la deuda del FEPC y, porque se apreció el peso colombiano frente al dólar, comenzaremos a bajar el precio de la gasolina», aseguró Petro, destacando que endeudarse externamente en dólares al 5,9 % resultó más eficiente que mantener obligaciones internas con tasas superiores al 13 %. Esta medida busca liberar recursos del presupuesto nacional para fomentar la inversión pública en otros sectores estratégicos.
El anuncio se produce en un contexto de tensión económica, apenas dos semanas después de que entrara en vigor el aumento tarifario del 1 de enero de 2026, que elevó el costo del galón de gasolina en aproximadamente 90 pesos y el del diésel en 99 pesos en las principales ciudades. Actualmente, el precio promedio del galón oscila entre los 14.247 pesos en Pasto y los 16.591 pesos en Villavicencio, con Bogotá situándose sobre los 16.491 pesos. Aunque el Gobierno no ha especificado la fecha exacta ni el monto de la rebaja, se anticipa que el ajuste podría aliviar la presión inflacionaria sobre la canasta familiar y el transporte.
La noticia ha generado reacciones mixtas en el panorama nacional. Mientras el Gobierno celebra el «hito» de entregar un superávit en el fondo de combustibles al próximo mandato, sectores de la oposición y gremios del transporte mantienen una postura escéptica. Voceros de los conductores, quienes iniciaron el año protestando por las alzas y el costo de vida, esperan que la prometida reducción sea sustancial y no un ajuste marginal, recordando tensiones previas por el incumplimiento de acuerdos sobre tarifas diferenciales. Por su parte, analistas económicos coinciden en que la corrección de los precios internacionales y la fortaleza de la moneda local crean el escenario propicio para este alivio, aunque advierten que la volatilidad del mercado petrolero podría influir en la sostenibilidad de la medida a largo plazo.















