Por: Héctor Quintero Arredondo
Epulón, aquel rico glotón, para nosotros los autonomistas, es el símbolo de lo que llaman gobierno nacional que no es cosa distinta al centralismo y Lázaro, el que esperaba las migajas que caían de la mesa de Epulón, son las entidades territoriales que de manera angustiosa esperan lo que sobra de la opulenta mesa.
Pues bien, en estos días mientras se celebraba la navidad y el año nuevo e incluso se prolongaba el sopor por las noticias de la extracción de Maduro, Epulón ha venido avanzando con unas medidas que llaman de emergencia económica, con base en las cuales quiere recoger mas dinero para satisfacer su increíble apetito y poder botar y robar, puesto que parece que el escándalo de la unidad de gestión de riesgos que ya tiene a dos ministros en la cárcel, no es suficiente.
Epulón decidió meterle la mano a la renta de licores y a los temas de los juegos de azar. El gobernador de Antioquia, tal vez el único que ha salido a denunciar la figura (el Colombiano del domingo 4 de enero de 2026, pág. 9) calcula que eso le va a costar al Departamento de Antioquia, vía la Fábrica de Licores, cuarenta mil millones de pesos que tampoco regresarán para ayudar a las flácidas finanzas departamentales.
Extraña el silencio de la Federación de Departamentos, de los congresistas que obtienen votos en Antioquia y en general de la clase dirigente del amado terruño. Por el contrario, resulta natural el silencio cómplice de los genios de la economía, a quienes llamamos los “ Uchupres” que es la unión de chupadores del presupuesto, que hace rato se oponen con toda clase de argumentos a que se distribuyan las rentas en Colombia tal como queremos los autonomistas y por el contrario, buscan sacar mas sangre de los famélicos departamentos y municipios.
Hacemos votos porque la Corte Constitucional “desfaga” estos entuertos de manera pronta.
Sigamos callados hasta que la muerte financiera sea declarada la causa del fin de las entidades territoriales.
¡Autonomía o catástrofe!















