Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Colombia tiene memoria de gallina y, si no se la están refrescando, no parece tomar conciencia de los efectos que causan los fenómenos naturales.
Hace un mes, las tres cuartas partes de la superficie territorial del departamento de Córdoba resultaron inundadas por la conjunción de un frente frío que bajó desde el Polo Norte, derechito a esa zona geográfica, y por el exceso de agua que el río Sinú no pudo conseguir que le represaran en la hidroeléctrica de Urrá, pues resultó insuficiente y el exceso de agua se desparramó a ambas orillas del caudaloso y mitológico río.
Obviamente, como también tenemos la manía de buscarle culpables a todo —para unas veces no asumir compromiso endilgándoselas a otro y, algunas más, para borrar de un todo la preocupación—, el tema fue manejado como titular de noticiero y, desde el presidente para abajo, se dedicaron a buscar responsabilidades en los administradores de Urrá, el Ideam o la Corporación Ambiental del área, que no avisaron a tiempo de la magnitud de la creciente.
Hoy, el drama de quienes perdieron su sustento se agrava con la falta de trabajo en tierras arrasadas y se siente en lo profundo del estómago de niños hambrientos.
Para convocar las ayudas de todo el país, hoy jueves, desde las 9 de la mañana —transmitido por radio, TV y redes—, se hará la gran donatón “Colombia Unida por Córdoba”.
Las donaciones en dinero y en especie pueden hacerse desde cualquier parte del país a través de las oficinas de Supergiros, que funcionan en 1.000 municipios de Colombia. Se reciben alimentos no perecederos, enlatados, ropa y elementos domésticos de aseo y subsistencia, desde cobijas hasta colchonetas.
Antes de que se oculte la tragedia, ayudemos. Hoy es por Córdoba, que es Colombia.














