El presidente Gustavo Petro volvió a lanzar una dura advertencia sobre el impacto de la crisis climática y aseguró que Colombia podría convertirse en un desierto en 2070 si el mundo no modifica su rumbo frente al calentamiento global. La declaración fue hecha el 21 de marzo de 2026 durante su intervención en la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), en un discurso en el que también cuestionó el papel de Naciones Unidas frente a las guerras actuales y al deterioro ambiental global.
Según el reporte de La Opinión, Petro criticó que la ONU haya perdido capacidad de respuesta ante los conflictos internacionales y sostuvo que el orden mundial atraviesa una crisis profunda, marcada por la guerra y la incapacidad de frenar la destrucción ambiental. En ese contexto, el mandatario afirmó que el camino que se vislumbra es “la barbarie” y retomó una de sus tesis más reiteradas sobre el futuro de Colombia bajo escenarios extremos de cambio climático.
La frase sobre una Colombia convertida en desierto no es nueva en el discurso del jefe de Estado. Petro ya había pronunciado una advertencia muy similar ante la Asamblea General de la ONU el 19 de septiembre de 2023, cuando dijo que en 2070, en el país de “la explosión de la vida”, solo quedarían desiertos si no se actuaba a tiempo frente a la crisis climática. Esa intervención fue ampliamente reseñada por medios nacionales y volvió a circular tras su nuevo pronunciamiento en la cumbre regional.
La idea del mandatario se apoya en interpretaciones de estudios científicos sobre el aumento de temperaturas en la zona tórrida del planeta y el riesgo de que extensas áreas se vuelvan cada vez menos habitables. Sin embargo, verificaciones periodísticas previas han advertido que presentar ese escenario como una predicción cerrada para Colombia resulta discutible. ColombiaCheck calificó en 2023 como “cuestionable” una afirmación relacionada de Petro sobre migraciones masivas y habitabilidad futura, al señalar que los estudios citados hablaban de poblaciones potencialmente fuera del “nicho climático” y no de una certeza absoluta sobre un éxodo o desertificación total del país.
Más allá de la controversia sobre el alcance exacto de la frase, el mensaje del presidente se inscribe en una línea de discurso que ha mantenido durante su gobierno: ligar la agenda climática con la desigualdad global, las guerras y el modelo económico internacional. En su nueva intervención, Petro volvió a presentar la crisis ambiental como una amenaza existencial para América Latina y como un fracaso de la gobernanza global, al tiempo que reprochó la inacción de los organismos multilaterales frente a los conflictos armados y la degradación del planeta.
El pronunciamiento ocurre, además, en un momento de fuerte exposición internacional para Petro y de alta sensibilidad política en Colombia, en plena campaña para elegir a su sucesor presidencial. En ese contexto, sus declaraciones sobre la ONU y el futuro climático del país reactivan un mensaje que mezcla advertencia científica, denuncia geopolítica y presión diplomática sobre los organismos multilaterales.
La nueva alocución del mandatario deja de nuevo en el centro del debate la forma en que el Gobierno comunica los riesgos climáticos. Mientras sus defensores subrayan que busca sacudir la indiferencia global frente a una amenaza real, sus críticos cuestionan el tono apocalíptico de afirmaciones como la de una Colombia desértica en 2070. Lo cierto es que el presidente volvió a poner el cambio climático en el corazón de su discurso internacional y a usarlo como argumento para cuestionar la eficacia del sistema multilateral.














