Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
La determinación de Trump de decretar un arancel general del 15 % contra todos los productos importados no es solamente una pataleta del emperador de pelo naranja contra la Corte Suprema de Washington, que le puso el cascabel al gato y lo obligó a no ser ni preferente ni perseguidor con los países donde los gringos compran lo que consumen.
La medida es un retorno agresivo al proteccionismo y, en especial, un garrotazo a países agrícolas y manufactureros que exportan a Estados Unidos, incluyendo, claro está, a Colombia. Pero, fundamentalmente, parece más una declaratoria de guerra de los Estados Unidos contra el mundo y una burla a las negociaciones y convenios que pactaron hace unos meses, cuando Trump, desde los jardines de la Casa Blanca, mostró su atropellador y déspota listado de aranceles.
Vamos a ver desde hoy, entonces, una desaceleración del crecimiento mundial y una presión inflacionaria dentro y fuera de Estados Unidos. Lo más grave, empero, serán las reacciones de los perjudicados o de los burlados, que podrán llevar a una guerra de guerrillas económica contra Washington y, por consiguiente, a una generación de nuevas cadenas de suministro o al montaje de una estructura de trampas para evitar el garrote gringo.
Sin embargo, el decreto imperial deja por fuera a la pisoteada Canadá y a México, pues exceptúa el tratado vigente entre los tres países para productos energéticos, previendo seguramente la reacción canadiense de cortarles el gas y la electricidad a cinco estados norteños gringos.
Pero lo que no exceptúan es el desbarajuste que va a producir en el aparato económico mundial, en los regímenes bancarios y bursátiles y, en especial, en la opinión pública universal, que no demorará en salir a gritar en manifestaciones en todos los países contra el imperio yanqui y su perversidad atrabiliaria.
Y en río revuelto… ganancia de pescadores.

















