Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Hace muchos años, cuando era alcalde de Tuluá y nos llegó la noticia de que un coterráneo, Faustino Asprilla, jugador del Nacional, había sido contratado por el Parma, busqué al máximo dirigente deportivo de mi pueblo, Nacho Martán, el de Cortuluá. Con ese humor a flor de piel, fue objetivo y me dijo: “Ese negro pinta bien”.
De eso hace 34 años, y Asprilla ya ocupa un sitial en la historia del fútbol colombiano y en la memoria de los tulueños, por encima de las insensateces o genialidades que diga o haga.
Ayer, cuando me enteré de que el excanciller Luis Gilberto Murillo y la antigua directora de Asocapitales, Luz María Zapata, se presentaron oficialmente como fórmula para la presidencia de Colombia, busqué a otro tulueño que ha demostrado su capacidad y olfato en los negocios: el magnate de Supergiros. Apelando a que su empresa tiene oficinas en los mil y pico de municipios y sabe qué le gusta al país, le pregunté su criterio de colombiano avezado sobre esta casi que sorpresiva pareja que compite por la presidencia de la nación.
Con el mismo humor de mi tierra me dijo: “Esa pareja tiene la pinta de ganadora”.
Me dejó pensando.
Hay muchos factores que pueden desbocar al país, cansado de trifulcas y politiqueros, hacia un candidato que, como ministro y embajador, ayudó a arreglar suavemente los pleitos de Petro con Trump o con el tema de los pasaportes. Y como la imponente pereirana no solo tiene el bagaje de haber sido la compañera fiel durante más de veinte años de Vargas Lleras, posee también la experiencia política que de pronto le hace falta a Murillo.
Pero también hay que anotarlo: solo tienen 80 días para que el país los reconozca, y no poseen una estructura electoral tradicional.
Sin embargo, si el efecto bola de nieve los catapulta y les acerca a los militantes de los cuatro antiguos partidos políticos que no tienen candidato, tendríamos mucho que aprender.
Quizás hasta incrédulos como yo nos sorprenderíamos.


















