La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, elevó este domingo el tono de su discurso contra la administración de Donald Trump, marcando una línea roja en las relaciones diplomáticas tras la reciente operación militar estadounidense que resultó en la captura de Nicolás Maduro. Durante un acto masivo con trabajadores petroleros en el estado Anzoátegui, la mandataria interina exigió el cese inmediato de las directrices emitidas desde el Salón Oval, afirmando que la reconstrucción institucional del país no aceptará tutelajes externos.
“Ya basta de las órdenes de Washington en Venezuela”, sentenció Rodríguez ante la multitud, en lo que analistas interpretan como un intento por consolidar su liderazgo interno frente a las presiones de la Casa Blanca. La funcionaria, quien asumió las riendas del Ejecutivo el pasado 5 de enero en medio de un vacío de poder sin precedentes, calificó como “vergonzoso” que actores de la oposición celebren la intervención extranjera y reiteró que el destino de la nación suramericana se decidirá estrictamente bajo términos de soberanía nacional.
El desafío de la jefa de Estado interina surge como respuesta directa a las recientes declaraciones del gobierno estadounidense, que advirtió que Rodríguez “pagaría un precio mayor” que su predecesor si no facilita una transición alineada con los intereses de Washington. A pesar de esta retórica confrontativa, la funcionaria confirmó que ha instruido a su hermano y presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, para liderar un “verdadero diálogo” que incluya a sectores divergentes, pero bajo la condición innegociable de que la mesa de negociación sea dirigida exclusivamente por venezolanos, sin la “supervisión” de agentes extranjeros.
La tensión política se ve agravada por los movimientos de la oposición tradicional. Rodríguez criticó duramente el reciente viaje de la líder María Corina Machado a Washington, acusándola de pactar la entrega de activos nacionales a cambio de apoyo político. Sin embargo, fuentes cercanas al Palacio de Miraflores sugieren una estrategia dual por parte del interinato: mientras en público se mantiene un discurso antiimperialista, en privado se estaría gestando una “agenda energética” pragmática que busca reactivar la industria petrolera con capital estadounidense para evitar el colapso económico total.
En este escenario de incertidumbre, la comunidad internacional observa con cautela los pasos de la administración Rodríguez. Mientras Donald Trump asegura que la situación en Venezuela está “bajo control” y que el petróleo incautado ya está siendo procesado en refinerías norteamericanas, el chavismo remanente intenta cerrar filas apelando al nacionalismo. La promesa de la presidenta encargada es clara: cualquier transición política tras la caída de Maduro será un proceso endógeno o no será, planteando un pulso de alto riesgo que definirá la estabilidad de la región en los próximos meses.
















