Por: Carlos Alfonso Velásquez R.
Varios países hispanoamericanos le han dado la espalda a la izquierda en las urnas en los últimos años. Después de dos intentos, José Antonio Kast fue elegido presidente de Chile convirtiéndose en el presidente con la mayor cantidad de votos (7,2 millones) de la historia de Chile. En su primer discurso, señaló que su mandato se centraría en tres problemas acuciantes para el pueblo chileno: la inseguridad, la migración y el crecimiento económico, y la vez afirmó que no se doblegará asegurando el orden institucional: “Debemos tener mucha firmeza contra la delincuencia, el crimen organizado, la impunidad y el descontrol. Pero también debemos tener mucha grandeza para reconstruir la convivencia, el respeto y la confianza de nuestros compatriotas”. Este tipo de discurso lleva implícito un espíritu que recorre el continente. La creciente criminalidad organizada, las crisis migratorias y un estancamiento económico se encuentran entre las causas de mayor malestar en la población hispanoamericana. Por esto, tras décadas de gobiernos de izquierda varios países han optado por un líder de derecha para que enfrente dichos problemas.
Lo cierto es que, durante el 2025, varias elecciones han confirmado la tendencia hacia la derecha. En mayo, el presidente ecuatoriano Daniel Noboa fue reelegido tras vencer a Luisa González, la candidata del partido del expresidente socialista Rafael Correa. Aunque Noboa se considera a sí mismo de “centroizquierda”, es percibido como la alternativa al correísmo, y su gobierno se ha caracterizado por una disminución del riesgo país, eliminación del subsidio a combustibles, aumento de la carga tributaria, mano dura contra la delincuencia organizada y prácticas de tinte autoritario.
También en octubre, el senador Rodrigo Paz, defensor de un “capitalismo para todos”, alcanzó la presidencia en Bolivia después de vencer en segunda vuelta a Jorge Tuto Quiroga, otro candidato de derecha. Evo Morales, inhabilitado por el Tribunal Electoral, promovió el voto nulo, que obtuvo casi el 20%. Sin embargo, el Movimiento al Socialismo, la fuerza política más importante de los últimos veinte años, no obtuvo representación en el Senado y cuenta con poca presencia en la Cámara de Diputados tras las elecciones.
Siguiendo la tendencia, y también en octubre, Milei obtuvo una victoria que lo confirma en su proyecto “libertario”. Tras la derrota que sufrió su partido en la región electoral más grande del país, el presidente se recuperó con una victoria en las elecciones legislativas nacionales, pasando de 37 a 93 diputados en el Congreso, sumados los de sus aliados. Semanas antes de las elecciones, el Banco Central Argentino anunció “un acuerdo de estabilización cambiaria” con el Departamento del Tesoro de EE. UU. por 20.000 millones de dólares, para inyectar liquidez en la economía. Sobre la victoria de Milei, el presidente Trump, fiel a su estilo, declaró que la “elección le hizo ganar mucho dinero a Estados Unidos”.
Dicho lo anterior, la nueva derecha que se está asentando en Hispanoamérica no es un movimiento homogéneo. Aunque en común tiene la oposición a la cultura woke al globalismo y al socialismo del siglo XXI, y el acercamiento a los EE. UU., el giro hacia la derecha que se ha dado no ha sido casual puesto que el colapso económico y social de Cuba y Venezuela – hoy con Maduro en una cárcel de EE.UU.- ha provocado una gran desconfianza hacia las propuestas “progresistas” de la izquierda. De otra parte, la preocupación por los más necesitados y el rechazo (batalla cultural) a los efectos culturales de las tesis que en su momento planteó Gramsci para oxigenar el marxismo, han sido parte del rol que la nueva derecha ha asumido, dejando atrás la creencia de que la justicia social y la cultura eran monopolio de la izquierda.
Sin embargo, aunque desde algunos medios se califique indistintamente a los nuevos líderes de estos Estados como “ultraderechistas”, “populistas”, o “conservadores”, la nueva derecha hispanoamericana no es un movimiento homogéneo. Por ejemplo, en un reportaje de junio de 2024 Noboa señaló que el socialista Lula, “es el líder latinoamericano con quien más se siente identificado”, a la vez que opinó de Milei que es un “ególatra” que no había logrado nada desde que fuera nombrado presidente. A su turno Kast, a pesar de la cercanía a la dictadura de Pinochet durante su juventud, ha tenido una carrera política con formas discursivas de un demócrata comprometido a respetar la institucionalidad de la república chilena.
En 2026, Brasil, Colombia, Costa Rica y Perú vivirán periodos electorales que serán centrales para observar si la tendencia hacia la nueva derecha termina por afianzarse en el continente o no. En parte, dependerá de si este movimiento se ve respaldado por resultados visibles y cambios reales, concretamente, en la lucha contra el crimen organizado y en el desarrollo económico. Y en Colombia, la tendencia se confirmaría si ganase la presidencia una derecha sin rabia en el corazón, dotada de suficiente visión estratégica e inequívoca autoridad moral para ponerle fin al ciclo de violencia que estamos viviendo, para de esta manera hacer del imperio de la ley y el orden una costumbre arraigada.
















